APEGOS Y DESAPEGOS

El apego es una necesidad compartida por la especie humana y los animales. Consiste en un lazo de unión entre la cría (humana o no) y su madre o cuidador, independiente de la nutrición y del sexo.

La función primordial del apego es proporcionar seguridad a las crías. Posteriormente, el deseo de apego satisfecho, genera un vínculo de amor entre la cría y el  cuidador.

Muchos etólogos y psicólogos han estudiado la conducta de apego. Entre estos últimos, podríamos destacar a Bowlby, psicólogo americano que dedicó gran parte de su vida al estudio de este fenómeno (desde los años 40 hasta finales de los 80), concluyendo que, junto con otros factores, el vínculo del apego ha facilitado el proceso evolutivo del “Homo Sapiens”; en tanto que el aislamiento y la soledad son peligrosos para las crías (sean humanas o no).

Sin embargo, a medida que evoluciona el ser humano, la necesidad imperiosa del apego, lejos de constituir una ayuda, puede convertirse en un  lastre y en un freno para la autonomía personal.

Es cierto que pervive en nosotros de un modo inconsciente la tendencia a aferrarnos, a depender de cosas, personas, creencias  porque nos parece que nos dan seguridad. Lo que no vemos es que actuando de este modo nos estamos esclavizando, sin darnos cuenta, a cosas que no necesitamos.

W. Dyer en su libro: “Diez secretos para el éxito y la paz interior “, dice que el bebé humano llega al mundo “en blanco”, pero muy pronto y de un modo inevitable, todo su entorno despliega ante él un elaborado programa de condicionamiento: Estamos condicionados a pensar, sentir y desear según la época, el país y la familia que nos han tocado vivir. Estos condicionamientos, constituyen una especie de coraza, que conforman lo que se ha llamado “carácter” y que solemos confundir con lo que nosotros creemos que somos. Sería como un “falso yo”. Pero el auténtico ser no está ahí. Para que nuestra verdadera esencia salga a la luz, tenemos que ir más allá de la coraza caracterológica. Es ahí donde una actitud de desapego  puede ayudarnos.

Jaime Jaramillo, en su libro: “Te amo…pero soy feliz sin ti”, en el que trata “Cómo vivir libremente, sin apegos y sin miedos”, distingue tres tipos de apego:

1): APEGO AFECTIVO: Lo considera una especie de adicción y no tiene nada que ver con el amor, sino con el miedo de perder al ser querido.

2): APEGO MATERIAL: Dar más importancia al “tener” que al “ser”. Supone centrar  la felicidad  en la posesión de cosas materiales (dinero, bienes…)

3): APEGO IDEOLOGICO: Depender de determinadas ideas y creencias.

Concluye el autor, diciendo que el apego se nutre fundamentalmente del miedo (a la soledad, a la pobreza, a lo incierto…)

En otros artículos de este blog, he hecho hincapié que la vida es pura incertidumbre, citando la frase de John Lenonn: “La vida es lo que te pasa mientras tú estás haciendo planes”.

Ya en el siglo IV  (a de C ), el filósofo griego Heráclito hablaba de que “Nada es, todo cambia”. Su filosofía se puede definir con la máxima de  “Todo fluye “.Dice que es imposible bañarse dos veces en el mismo río, porque:” Siempre un agua distinta fluirá en torno a ti”.

Es decir, la vida, no es una roca dura, sino un magma en constante formación, donde no hay nada definitivo. Aferrarse tanto a cosas, personas o ideas, buscando garantías de constancia y seguridad, sólo nos generará dolor y frustración, sumergiéndonos en una insatisfacción permanente.

Mantener la conducta de apego siempre y por encima de todo, cuando ya no la necesitamos, porque hemos dejado de ser bebés, es una conducta errónea y sobre todo poco saludable. Por el contrario, un cierto desapego supone perder el miedo, soltar, fluir, aceptar el momento presente, disfrutándolo.

El desapego nos va a proporcionar una mente abierta, despierta, y por tanto, más conocedora de todo lo que nos rodea.

No quiere decirse que haya que desligarse de todo y de todos, pero tendríamos que analizar qué cosas merecen ser conservadas y soltar lo demás. Sería como ordenar un armario: desprenderse de lo viejo, de lo roto, de lo superfluo, de lo que no nos sirve, para así conservar lo útil, lo verdaderamente importante, lo  que de verdad usamos.

El valor del desapego es que nos dota de la flexibilidad  suficiente para adaptarnos a los cambios, nos hace menos materialistas, nos proporciona la capacidad de improvisación y de creatividad, enseñándonos a disfrutar del momento presente.

Nos hemos olvidado de ser: de ser nosotros mismos, de estar en silencio, de estar donde está la vida: Aquí y Ahora . (“El silencio habla”. Eckhart Tolle:).

About these ads
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a APEGOS Y DESAPEGOS

  1. Natalia dijo:

    Magnífica entrada. Me ha encantado.

    Un fuerte abrazo
    Natalia

  2. Bertie Fokkelman dijo:

    Escribiste un artículo muy interesante Adela que da que pensar. ¿Se trata de encontrar el justo medio entre el apego y el desapego? Me parece que es difIcil aplicarlo, pero que vale la pena.

    Besos, Bertie

    • Hola Bertie:
      Creo que has comprendido muy bien el sentido del artículo. Recuerda el ejemplo de ordenar armarios. Hay que guardar lo que nos sirve y desprendernos de lo que nos sobra.Seguimos en contacto. Muchos besos.

  3. Guacolda León dijo:

    Excelente artículo; generalmente nos apegamos dolorosamente a patrones aprendidos que nos restan libertad y nos oprimen.Guacolda

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s