RECONOCER UNA DEPRESIÓN

Entendemos por depresión un estado de tristeza que se instala de forma habitual en el ánimo de las personas afectándolas en su totalidad, tanto en procesos corporales ( apetito, sueño, actividad sexual, motricidad, etc) como en los procesos mentales (pensamientos, percepciones, memoria) y afectivos (emociones, sentimientos, deseos….).Todo queda mermado o disminuido por el estado depresivo.

La persona que sufre depresión, tiene sensación de fracaso, está descontenta consigo misma, hay una falla crónica en su autoestima. El pesimismo, la desesperanza, el cansancio y el abatimiento le acompañan casi constantemente y con frecuencia se ven asaltadas por pensamientos negativos (incluso ideas de muerte, más o menos encubiertas) que rumian obsesivamente.

La depresión puede tener su raíz en causas externas, como por ejemplo una pérdida importante (de un ser querido, de un trabajo, de una situación de privilegio, por un divorcio, etc); pero no siempre es así. También puede ser debida a factores ambientales, sociales, genéticos, o de aprendizaje del modo de ser depresivo)….

En resumen, cuando no se puede resolver satisfactoriamente un suceso de pérdida, o cuando la tristeza  vuelve periódicamente sin motivos aparentes, no dudemos que se trata de una depresión.

Por otra parte, no debemos hacernos ilusiones acerca de que la persona deprimida, mediante un acto de voluntad, se anime y mejore. La depresión necesita de ayuda especializada, ya que sus síntomas suelen ser persistentes, pudiendo durar desde semanas, hasta años, o bien, aparecer una mejora transitoria y retornar el trastorno con mayor virulencia.

Según los estudios epidemiológicos, la depresión está apareciendo cada vez más en gente joven (e incluso en la infancia), aunque tiende a aumentar su aparición con la edad (entre 35 a 45 años y sobre todo, a partir de los 60). Afecta al 4% de los hombres y entre el 6 y 10% de las mujeres.

En nuestra sociedad actual- que huye de lo doloroso como la peste-, los problemas se niegan o se eluden. Cuesta asumir el sufrimiento, está mal visto. Entonces se buscan soluciones rápidas y “varitas mágicas “…pero no nos engañemos. La alternativa no está solo en el  Prozac,  Cipralex, o Deprelio (marcas de antidepresivos), aunque no dudo que puedan ayudar  a algunas personas por un tiempo, a cambio de producir dependencia.

Aceptar el sufrimiento, pedir ayuda especializada, puede ser el camino más fácil para salir del pozo de la depresión y además, para salir fortalecido, reconciliado con uno mismo y con la vida.

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