UN HUESPED INQUIETANTE: EL MIEDO

Uno de los motivos más frecuentes de consulta al psicólogo son los trastornos relacionados con el miedo: ansiedad, ataques de pánico, exceso de estrés, obsesiones y fobias. Actualmente se ha observado un aumento de este tipo de sintomatología.

El miedo es una emoción cuyo primitivo origen sería el alertarnos de una posible amenaza que supera nuestros recursos. Si la amenaza es real, el miedo, en este caso sería una reacción lógica que nos impulsa a protegernos y a buscar ayuda. Este tipo de miedo no es  patológico sino que constituye un mecanismo de defensa ante un peligro que existe y nos amenaza  en la realidad.

No obstante, la gente que sufre  ataques de  pánico, no se ven amenazadas por algo real; podría decirse que el peligro viene del interior. Es lo que vulgarmente llamamos “miedo al  miedo”. Este caso  sí constituye una patología .Aquí  el miedo se percibe como un invasor o como un huésped hostil contra el que hay que luchar y vencer, ya que sentir temor se identifica como un signo de debilidad y se prefiere mantener más o menos escondido e ignorado. No nos damos cuenta que esto nunca es una buena opción ya que el miedo suele aparecer en el momento más inesperado.

Decíamos que el miedo es una emoción y las emociones nos dan información acerca de cómo vivimos una situación concreta. En este sentido el miedo es como una señal de alarma que se enciende cuando nos tropezamos con algo que interpretamos como una amenaza. La respuesta psicofisiológica del miedo es la ansiedad (estado de alerta  donde toda la atención se enfoca hacia un posible peligro). Visto así, es hasta útil, pero cuando la ansiedad rebasa cierto umbral, se genera una sensación desagradable de descontrol, una angustia que incapacita  para reaccionar, un sentimiento terrible de indefensión  y síntomas físicos en los que el sujeto que los padece siente que se muere.

Para tener herramientas ante este tipo de temores internos y desproporcionados, no nos queda más remedio que enfrentarnos a lo que nos produce miedo. Procuraré sintetizar algunos consejos útiles para “acorralar “a nuestros miedos:

1.- Revisar situaciones, pensamientos, fantasías, personas  o cosas que nos asustan.

2.-La emoción del miedo ¿te invade totalmente, se apodera de ti, o por el contrario prefieres apartarla y no verla?

3.-Observa las zonas del cuerpo donde se focaliza el miedo: presión en el pecho, temblores, taquicardias, aceleración del  pulso, contracción de la zona abdominal, bloqueo del pensamiento, balbuceos en el habla, sudores….

4.- Averigua qué pensamientos sobre ti y el mundo se esconden detrás del miedo.

5.-Detecta qué estrategias utilizas para aumentar tu sensación de control sobre el miedo.

6.-Ten en cuenta que la ansiedad anticipatoria es  la que nos atrapa  y nos conduce directamente al miedo. No anticipes. Vive el presente.

7.- La propia inseguridad genera miedo patológico. La evitación, la huida, la inhibición ante lo que consideramos peligro, aumenta el miedo.

8.- Enfrentar el miedo fortalece. Cada paso hacia delante provoca sensación de seguridad. Nos sentimos más capaces.

9.- Salir del miedo patológico   es fundamental para nuestra autoestima, pues nos lleva  a confiar en nuestros propios recursos y habilidades.

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4 respuestas a UN HUESPED INQUIETANTE: EL MIEDO

  1. carmen dijo:

    La palabra miedo es una palabra que tenemos asociada al Lobo Feroz, al Coco, a los Ogros, a los cuentos infantiles y nos parece un sentimiento/sensación infantil, inmadura, que cuesta reconocer que se tiene cuando se es adulto. Reconocer tener miedo es reconocer que una parte de nosotros, todavía, no “ha crecido” y teme que le haga daño la vida, las personas, las situaciones y los sentimientos. Y nos quedamos paralizados de terror esperando que venga el cazador, o alguien, o algo, a matar al lobo, siempre alguien externo, fuera de nosotros que elimine lo que tememos. Sólo cuando nos damos cuenta que nosotros podemos ser el cazador, que somos el cazador, el guerrero que mata al dragón, entonces vencemos al miedo.Sí, como en los cuentos, cuando dejamos de tener miedo, el miedo se va, se esfuma, no existe.
    Escribo esto yo, que sigo teniendo mucho miedo, sobre todo a mi misma y a la gran “fábrica” que tengo dentro de mí “fabricando” todo tipo de miedos, algunos tan refinados que tienen categoria de diseño. Pero que tambien estoy aprendiendo a superarlos, despacio, uno a uno, mirandolos a la cara, queriendome y despreciandolos. Sientiendome más poderosa que ellos, y es que soy más poderosa que ellos: yo puedo llegar a ser lo que yo quiera ser y ellos, en cuanto yo tenga la fuerza suficiente, no serán nada. Ni siquiera un recuerdo.

  2. Natalia dijo:

    Hola Adela,

    Tu artículo es muy bueno y me quedo con la conclusión final de que lo que hay que tratar es de vivir el presente, de forma que los imprevistos los vayamos sorteando según se nos presente.
    Por experiencia propia me he dado cuenta que las situaciones que no deseamos dan mas miedo en nuestra imaginación que cuando realmente suceden, nuestra mente agranda nuestros miedos y en muchísimas ocasiones ni siquiera se producen.
    Un abrazo
    Natalia

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