LA DOBLE CARA DEL CARACTER AUTORITARIO

  th  Se entiende por “Carácter Autoritario”, aquel que posee una voluntad de mando opresivo, que impide la crítica, así como la libertad de pensamiento y de opinión. Se caracteriza por su prepotencia y por su voluntad de imponerse ante cualquier situación. Cree tener siempre la razón de su parte, opinando de todo, aunque ignore la mayoría de los temas que aborda.

    El fenómeno del “Autoritarismo” surge como concepto para  analizar y estudiar a raíz de la 1ª guerra mundial  (1914-1918). Anteriormente a este periodo, el Racionalismo y el Positivismo moderno, habían creído en la utopía de que el hombre, era  ante todo, un ser racional. Se pensaba que los periodos oscurantistas de la Historia habían quedado atrás y que se había llegado a un momento en el cuál, los valores de la Revolución Francesa ( Libertad, Igualdad y Fraternidad ) habían calado por fin en todos los estratos de la sociedad: El mundo evolucionaría siempre hacia adelante, conducido por las modernas e igualitarias democracias.

    Sin embargo, el afán insaciable de poder y dominio por parte de la Humanidad, encerraba todavía muchas sorpresas.

    Algunos autores intuyeron que el hombre no era tan racional y evolucionado. Que muchas fuerzas irracionales y destructivas andaban al acecho, sin extinguirse. Pensadores como Nietzsche, Marx y Freud, alertaron  acerca de estos peligros.

    Concretamente, Freud, posteriormente a la 1ª guerra mundial en sus obras: “Más allá del principio del placer” (1920),”Psicología de las masas”(1921) y “El malestar en la cultura” (1930) pone al descubierto la parte irracional e inconsciente de la naturaleza humana.

    Freud demuestra, en contra de lo que propugnaba el Racionalismo, que las motivaciones del hombre no siempre eran lógicas y coherentes, sino que dentro del individuo se esconde toda una parte instintiva, irracional e inconsciente.

     Más adelante,  otro psicoanalista con un enfoque más sociológico, Erich Fromm, en su obra “El miedo a la libertad “expone entre otras cosas lo que denomina “Proceso de individuación “.Este, consiste en que, el bebé humano, que en su origen vivía simbióticamente dentro del cuerpo de su madre antes de su nacimiento, posteriormente se convertirá en una unidad biológica separada de ella. Sin embargo, seguirá dependiendo de la figura materna y de los demás vínculos de apego, a los que Fromm llama “Vínculos Primarios “. Estos serían: familia, hogar, lengua, país, costumbres, etc. Durante la infancia y la adolescencia, dichos vínculos serán importantes para la constitución de la propia identidad, pero al hacerse adulto, se produce un cierto corte del “cordón umbilical” de los vínculos primarios.

     Este corte  en la evolución del individuo suele ser un proceso difícil, complejo y hasta doloroso, por la siguiente contradicción:

a): Por un lado, la individuación reporta mayor libertad en todos los sentidos: de elección, de actuación, de pensamiento, etc.

b): Por otro lado aparece un sentimiento de vacío, de indefensión, de no pertenencia… Todo lo cual desemboca en una sensación de vértigo, de miedo e inseguridad.

    Esta sería la gran paradoja de la libertad: De un lado, queremos autonomía, que no nos manejen, que nos dejen en paz… De otro lado el libre albedrío produce angustia y ansiedad ante nuestra propia responsabilidad.

    El autoritarismo es uno de los mecanismos para evadirnos  (en el sentido de no pensar ) en nuestra propia libertad y responsabilidad.

    De este modo, el carácter autoritario, tiende a sustituir los “vínculos primarios”, por otros sustitutivos, llamados  “Secundarios”. Esta sustitución se realiza manifestándose de dos modos diferentes:

A): Mediante tendencias compulsivas hacia la dominación, o  también llamados “Impulsos Sádicos”.

B): Mediante tendencias compulsivas tendentes a la sumisión o “Impulsos Masoquistas”.

    Ambas son manifestaciones diferentes del carácter autoritario, al igual que una moneda: Un unidad con dos lados: Cara y cruz.

    Las tendencias sádicas son aquellas que intentan controlar y someter a los demás, con algunas variaciones: desde la manipulación del otro como objeto, hasta la más completa explotación. El extremo del sadismo sería el deseo de causar sufrimiento  e incluso complacerse con ello, hasta la total aniquilación .Como puede observarse, estas tendencias sufren variaciones de grado: desde el simple “exceso de celo” de controlar, hasta el acoso y la humillación.

   El autoritarismo en versión sádica consiste en la continua proyección del mal en algo o en alguien. Así, el sujeto queda continuamente excusado de responsabilidad, y se percibe como eternamente justificado, lleno de razón y de buenas intenciones. Se siente “completo” y esquiva su propio vacío.

    Respecto a las tendencias masoquistas, están basadas en un sentimiento de inseguridad e inferioridad; las cuales llevan a este tipo de sujetos a someterse a otros, a los que admira e idealiza, atribuyéndoles cualidades y poderes excesivos. De este modo, generan grandes dosis de dependencia, la cual, le sirve para eludir la propia responsabilidad personal.

    El autoritarismo en versión sumisa o masoquista consiste en delegar la propia vida y responsabilidad a algo o alguien muy idealizado. Este sometimiento les confiere a los masoquistas una falsa sensación de cobijo y seguridad, pero la deuda que contraen en una carencia total de autoestima, y una culpabilidad crónica, ya que cargan con la culpa que el sádico les proyecta continuamente, contrayendo una angustiosa sensación de indignidad.

    El binomio sado-masoquista  a veces es reversible: No es raro encontrar parejas, donde uno de sus miembros ha sido muy manipulado y al contraer una nueva relación se convierten en manipuladores y al revés.

    Resumiendo, la doble faz del carácter autoritario, tanto su versión sádica como sumisa son mecanismos de evasión que ayudan al hombre a olvidarse de “la insoportable sensación de soledad e impotencia” en medio de un mundo muchas veces hostil, difícil e inseguro. En este punto es cuando  el individuo  “entrega” su libertad a cambio de cobijo. Aparecen así unas relaciones que Fromm llama “Simbióticas”, donde uno subsiste de la energía del otro y viceversa. Estas uniones anulan totalmente la entidad individual de cada uno y son muy patológicas.

    Para nuestra autoestima y para nuestra paz interior hay que convencernos de que la libertad es un don inestimable y que no podemos “vender el alma” a cualquier precio. No temamos tanto  a la libertad.

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en EMOCIONES y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a LA DOBLE CARA DEL CARACTER AUTORITARIO

  1. Bertie dijo:

    Hola Adela;

    Me gustó tu artículo aunque me pareció difícil de leer. Será por la lengua (que no es la mía) pero sin duda también porque me hacía pensar en una relación que tuve con un hombre que tenía algunos rasgos del sádico como descrito por ti. Ahora entiendo un poco mejor a él y a mi. Y me doy cuenta de lo complicado que es el ser humano…

    Gracias por tus esfuerzos de aclararnos..

    Besos cariñosos,
    Bertie

    • Gracias por tu amable y lúcido comentario. Si consigo ( como es tu caso ) aclarar a mucha gente que no merece la pena “vender el alma” por sentirse protegido o querido, me doy por satisfecha.
      Recuerdo una frase de una terapeuta: “La libertad no se nos regala, hay que conquistarla”.
      Un fuerte abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s